Charris
English

«Venecia esconde todas las claves de la novela» / Entrevista

12.01.2019

El pintor murciano de alto reconocimiento internacional, narra su experiencia como ilustrador de «La muerte en Venecia», la novela de Thomas Mann, y como artista en la exposición «Tres ilusiones de cine».

Exposición "Tres ilusiones de cine"

Exposición "Tres ilusiones de cine"

La muerte en Venecia, pág. 82, 2018 (Óleo sobre papel, 65 x 50 cm.)

La muerte en Venecia, pág. 82, 2018 (Óleo sobre papel, 65 x 50 cm.)

Exposición "Tres ilusiones de cine"
La muerte en Venecia, pág. 82, 2018 (Óleo sobre papel, 65 x 50 cm.)
La pintura de Ángel Mateo Charris ha recorrido las galerías más significativas del mundo, pero las bibliotecas, también. La plasticidad y la singularidad de su estilo ha llevado su obra al papel. Por eso, se puede leer La Muerte en Venecia y, al mismo tiempo, pasear por los escenarios que Charris imaginó para el clásico de Thomas Mann. Las ilustraciones de este libro forman parte, en la actualidad, de la exposición «Tres ilusiones de cine», organizada por el Espacio Edelvives y el Museo ABC, donde Charris comparte protagonismo con Gianluggi Toccafondo y Rebecca Dautremer. 
 
¿Cómo se enfrenta un pintor a la ilustración de un libro? 

Con todo el respeto del mundo, pero también con la mayor libertad. La palabra y la imagen son medios muy diferentes, con reglas, mecanismos y procesos muy distintos. No se trata de traducir, ni explicar con imágenes los contenidos del libro. 
Yo nunca me acerco al original con la intención de seguirlo literalmente, sino de crear mi propia historia alrededor de la del autor, crearle una casa al libro, unos espacios donde los personajes puedan vivir, una especie de banda sonora visual, que ayude a entrar en la historia pero que no la cuente. Como pintor, además, intento que cada imagen tenga sentido en sí misma, que a su vez pueda servir como chispazo para una nueva historia.
 
¿Cómo fue tu acercamiento, como lector, a la obra de Thomas Mann? ¿Qué fue lo que más te atrajo —o causó rechazo— de La muerte en Venecia?

Había leído la historia cuando era muy joven, al poco de ver la película y me temo que mi recuerdo estaba demasiado marcado por esta. Tampoco creo que fuera una edad adecuada para leerla. Ahora que mi edad se acerca más a la de Aschenbach, el personaje principal, creo que puedo verle mucho mejor los matices y entender los sentimientos, las catástrofes emocionales, los recorridos del deseo y del absurdo de la existencia. Me interesó mucho el retrato de la decadencia y la búsqueda de la belleza, y Venecia, claro, una ciudad que me encanta y que he visitado muchas veces. Un lugar difícil de pintar sin tópicos, pero que esconde a su vez todas las claves de la novela, de una época y una nostalgia, y que le da el tono a todo.
 
¿Qué satisfacciones y dificultades tiene ilustrar un clásico?

Como amante de los libros, el encargo de profundizar y zambullirme en una gran novela como esta es toda una fiesta y un motivo de satisfacción. Y hay algo liberador en aceptar contar la historia de otro. Para un director de cine sería como dirigir una película con el guion de otro. El problema con que sea un clásico es que mucha gente lo conoce y tiene su propia versión imaginada en la cabeza y puede costar más traer al público a tu terreno. Pero todo reto es apasionante para un creador y si la versión ilustrada consigue atraer a un público diferente a un gran clásico, habrá valido la pena intentarlo.
 
¿Cuáles fueron las primeras imágenes que acudieron a tu mente cuando comenzaste a ilustrar la obra de Thomas Mann? 

El problema de esta novela es que tiene una espléndida adaptación visual en la película de Visconti, que mucha gente ha visto y que es muy poderosa. También a mí me venían mezcladas con las palabras de Thomas Mann. Tardé en volver a revisarla, pero poco a poco, con sucesivas lecturas del libro, la última ya en Venecia mientras recopilaba imágenes, fue apareciendo mi propia versión. 
Vi muchas otras películas ambientadas en la época, fotografías, obras de arte, anuncios y con todo eso, más mis paseos por la ciudad y la laguna, pude verla desde un ángulo mucho más personal. Los vestuarios, los balnearios de principios del siglo XX, los callejones venecianos seguían ahí, pero ya pasados por mi filtro y mi mundo.
 
¿Hay alguna de las escenas que hayas pintado que te parezca especialmente significativa? 

Las escenas más significativas del texto no necesariamente van ilustradas. O aparecen muy veladas y reinterpretadas de forma simbólica. Creo que si tienen mucha fuerza no necesitan una imagen que la explique, casi prefería rellenar los huecos en los momentos en los que el libro no es tan intenso, dar toques visuales que ayuden al lector, o que lo distraiga a veces, que apoyen la historia. A veces he creado imágenes que funcionan casi como alegoría de una parte de la novela, como un equivalente simbólico, como hay otras que creo que traducen bien el espíritu, aunque se salten un poco la narrativa. Hay imágenes muy pensadas y otras que aparecieron milagrosamente mientras preparaba las ilustraciones, como la de las gotas de agua en el cristal empañado en el vaporetto, o el sombrero flotando en las aguas venecianas.
 
¿Cuál es la belleza de la decadencia?

Hay mucho de magia y de melancolía en la belleza que se va ajando, en el tiempo que pasa y en el rastro de épocas que nos parecen estéticamente apabullantes pero que van perdiendo su brillo con los nuevos tiempos. Y hay mucho también de fascinante en la decrepitud y en el derrumbe de un ser humano que confía en la imagen que se ha creado ante el mundo y al que de pronto la vida tumba de un puñetazo. 
Hay belleza en esa Europa perdida que refleja la novela, aunque es algo tramposa, como lo son todos los recuerdos. Estéticamente la decadencia puede ser hermosa, aunque vitalmente sea un desastre.
 
Tienes influencia de varios artistas clásicos y contemporáneos, pero si tuvieras que elegir dos o tres que fueran determinantes en tu estilo o en tu forma de interpretar lo que pintas, ¿cuáles serían? 

Son tantos y van cambiando tanto con el tiempo, que me resultaría muy difícil dar unos nombres concretos. Hay algunos que han tenido cierto éxito en la crítica y se van repitiendo con el tiempo aunque ya hace mucho que dejaron de interesarme, hay otros que vienen y van, creadores de muchas disciplinas, pintores, ilustradores, cineastas, fotógrafos, creadores anónimos. En este trabajo, por ejemplo, hay un par de alusiones a Giorgio de Chirico, porque estaba pintando sus plazas italianas al tiempo que se escribía la novela y me parecía oportuno citarlo. 
 
¿Se lee como se pinta? ¿Se pinta como se lee? 
  
Se pinta, y se lee, como se vive. Cuando leo soy un mero espectador, mientras que cuando pinto estoy interpretando el mundo a mi manera, por muchos préstamos que tome, así que son funciones diferentes. Pero mi pintura tiene mucho de literario. Me lo han dicho muchas veces, unas como elogio y otras como crítica. Y no me importa, reconozco mi deuda con la literatura casi siempre, en como intento llenar de contenido mis imágenes, con capas de significado, empleando metáforas y símbolos.
 
Participas en la exposición «Tres ilusiones de cine» junto a Gianluiggi Toccafondo y Rébecca Dautremer. ¿Cómo se complementan, bajo tu perspectiva, el cine, la literatura y pintura? 

Creo que se contaminan mutuamente, que se influyen y se apoyan, que toman muchas cosas prestadas. Tal vez el cine apareciera como un híbrido entre la palabra y la imagen, pero ahora es a su vez, una fuente inagotable para pintores y escritores. Todo viene del mismo río.
 
Más allá de la propia historia, ¿notas algún vínculo profundo, imperceptible a simple vista, entre la novela de Mann, la película de Visconti y tus ilustraciones? 

Las tres intentan reflejar lo inaprensible, lo misterioso del deseo y las obsesiones, su lado absurdo y maravilloso, la incertidumbre en la que te sumergen y lo inevitable que son cuando aparecen.
 
Hace tiempo que te has sumergido en el mundo literario. ¿Tienes pensado algún proyecto propio en este ámbito? ¿Veremos algún álbum ilustrado o novela gráfica con tu nombre?

Por el momento no. Mi ocupación habitual es la de pintor. Sólo ocasionalmente he hecho incursiones en el mundo de la ilustración de libros, siempre que el proyecto ha sido lo suficientemente apasionante, como fue el caso de El corazón de las tinieblas de Conrad, Grandes esperanzas de Dickens, o ahora este Mann que hemos presentado.