Charris
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Charris regresa a la infancia y pinta un Edén

15.02.2019

Entrevista de Antonio Arco publicada en el periódico La Verdad el 15.02.2019

Capra, 2019. Óleo sobre papel. 50 x 65 cm.

Capra, 2019. Óleo sobre papel. 50 x 65 cm.

Diario La Verdad

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Capra, 2019. Óleo sobre papel. 50 x 65 cm.
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“Necesitaba enfrentarme al blanco de una forma nueva y más despierta, inocente y felizmente dibulgativo”, dice el artista cartagenero que expone en Mazarrón ‘2.19’.

 Mírenlo. Al gato. Se llama Capra, como el director de “Sucedió una noche” (1934). De hecho, si le echan al tema mucha imaginación, incluso le podemos encontrar un cierto parecido, encantador, con Claudette Colbert de joven. Imaginación. Permitirse jugar. Divertirse. Volar libre. Maullar libre. ‘Capra’, un óleo sobre papel pintado en 2019, en una de las obras que conforman la exposición que Ángel Mateo Charris (Cartagena, 1962) ha creado expresamente para ser expuesta en Casas Consistoriales de Mazarrón, donde se podrá disfrutar hasta el 23 de marzo. Pingüinos primaverales y mediterráneos, paisajes de ensueño a los que solo le faltan la música, el Gorguel cartagenero dibujado a modo de Paraíso terrenal, viajes a los que se apuntarían encantados Marco Polo y el Genio de la Lámpara…; una delicadeza de obra tal que parece a punto de hacerse invisible: ‘Mañana polar’, otro óleo sobre papel también pintado en 2019.
 Charris, en su catálogo de la muestra, que él mismo ha diseñado, incluye unas palabras de Joaquín Torres García que comparte gustoso: “El mundo tomado en serio es antiartístico y triste. El arte tiene, entre otras cosas, que traer al mundo la alegría”. Y eso precisamente, una bandada de aves alegres y amororosas, pletóricas de energía, enamoradizas y deseosas de juegos y sospresas felices, parece sobrevolar esta nueva exposición del artista.

 “He estado pintando estos cuadros al tiempo que cumplía con compromisos anteriores”, cuenta Charris, “Mientras corría intentando salvar los plazos y entregas”, añade, “con mi uniforme ‘charrisiano’ y mis mecanismos mentales y manuales perfectamente engrasados, necesitaba tomarme un descanso de mí mismo de vez en cuando, enfrentándome al blanco de una forma nueva y más despierta, intentando no dar nada por sabido, inocente y felizmente duditativo”.
 Y, de hecho, reconoce, “más de una vez me han hecho sonreír estos nuevos caminos, y eso no tiene precio”.

Solo vida y color

 Tiene razón el artista: “Donde antes había reflexión, mucho trabajo previo y oficio, ahora no hay mapas ni brújulas, solo un espacio en blanco y algún recuerdo o emoción que enciende la chispa para empezar desde la nada”. “No tengo mucha retentiva visual”, reconoce el también ilustrador de novelas tan aclamadas como ‘El corazón de las tinieblas’ (de Conrad) y ‘La muerte en Venecia’ (de Thomas Mann). Por eso, indica, “siempre he trabajado con fotografías o con apuntes del natural, pero son esas carencias las que ahora me sirven para avanzar por caminos inesperadps”. Además, Charris siempre ha admirado “la obra de los autodidactas, los primitivos, los artesanos, los niños; y supongo que ahora estoy en una fiesta parecida”.
 Lo deja claro: “No más citas, referencias, neos ni post, intelectualismos, canibalismos ni autofagias, solo vida y color, y a pintar una manzana como si nadie lo hubiera hecho antes. Luego todo acaba pareciéndose a algo, pero no es esa mi intención”.
 Y advierte: “Esto no va de desaprender, sino que todo lo aprendido me ha llevado a esto; está todo por ahí, en alguna parte supongo, pero cada vez me fío menos de la memoria y el razonamiento y más de la intuición. Pensar está muy bien, pero no es el único camino, especialmente en el arte”. No hace mucho, el artista cartagenero leyó “una cita de Nina Simone que decía algo así como que había pasado muchos años persiguiendo la excelencia, pero que en ese momento estaba dedicada a la libertad y que eso era mucho más importante. Pues eso”.
 Explorador de mundos ajenos y amigo/enemigo del suyo propio, deja que el espectador interprete libremente sus obras, tan a menudo como fuera del tiempo y de la realidad. “Intento que mi pintura no sea una terapia, incluso alejarla de mis circunstancias personales. La creación es una aventura apesionante que corre paralela a la vida, que se cruza a veces con ella, que se contamina de ella, pero que no la cuenta”, defiende en paz.
 Pintura, laberintos oníricos, guiños al espectador… ¿Buscándo qué? “Siempre hago”, explica, “la exposición que yo quisiera ver. En raras ocasiones pienso en el hipotético espectador . Tal vez cuando trato algún tema más social-. Pero siempre intenta uno buscar la complicidad de las almas gemelas. Lo que nos une principalmente a los amigos es compartir entusiasmos y algo parecido es lo que me une a la gente que aprecia mi trabajo”.
 Con ‘2.19’ parece haber logrado deshacerse de todo equipaje acumulado. Charris es experto en proponer al público un juego de sueños, de aventuras y escaladas a lo imposible. Con esta exposición su lado más ligado con la infancia se ha venido arriba.
 Allí, en su luminoso estudio de su ciudad eterna, al que el aire le lleva cada día las noticias del mar.

Artista: Ángel Mateo Charris.
Exposición: 2.19 
Dónde: Casas Consistoriales. Mazarrón. 
Hasta cuándo: 23 de marzo. De lunes a sábado, de 10 a 14 h.; de miércoles a viernes de 17 a 20 h., Cerrado 23 de febrero y 19 de marzo.
Organiza: Ayuntamiento de Mazarrón.