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Miguel Martínez y Charris presentan "Hondo, 1989/2019"

24.07.2019

El Vinagrero, La Unión (Murcia) el 27/07/2019 a las 20 h.

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La chiquita piconera II, 1989/2019

La chiquita piconera II, 1989/2019

Alegrías, 2019

Alegrías, 2019

Cante Hondo, 2019. Óleo sobre fotografía.

Cante Hondo, 2019. Óleo sobre fotografía.

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La chiquita piconera II, 1989/2019
Alegrías, 2019
Cante Hondo, 2019. Óleo sobre fotografía.

Julio/Septiembre 2019

Inauguración: 27 de julio de 2019 a las 20h

Lugar: Restaurante El Vinagrero, C/ Bailén, 8. La Unión (Murcia)

En “Hondo 1989/2019” el fotógrafo Miguel Martínez y el pintor Ángel Mateo Charris proponen un juego a cuatro manos y en dos actos. Tomando como base la obra de Julio Romero de Torres, los artistas reivindican el papel de la mujer en el flamenco con imágenes que mezclan tiempos y estilos, procesos y temáticas, con un grupo de obras realizadas en 1989 y otro muy reciente siguiendo los mismos parámetros que aquellas, en las que fusionan tradición y contemporaneidad en un divertimento que tampoco deja de lado lo hondo. La muestra la componen 19 fotografías intervenidas con óleo.

 

HONDO 1989/2019
Capricho flamenco en dos actos

1989

Hace treinta años, que es un poco más que nada, dos artistas jóvenes, un pintor y un fotógrafo, viajan a Córdoba para una exposición del segundo en la Posada del Potro. Y allí mismo se topan con los cuadros de un viejo maestro olvidado. O más que olvidado, denostado, arrumbado en el trastero de la historia, donde se apolillaba junto al folklorismo de charanga y pandereta, arrinconado por el canon progresista junto a la copla, los cuadros y películas de Historia, Murillo, los reyes godos y cualquier otro cacharro que recordara al liquidado franquismo.
Pero los artistas, especialmente si son jóvenes, no suelen hacer caso a lo que les dicen los mayores y miran las obras sin prejuicios, como si hubieran sido hechas ayer, viendo por debajo de las capas de barnices rancios y amarilleados. Y allí, en su pequeño museo municipal, se tropiezan con Julio Romero de Torres, al que apenas conocen por un billete y una canción de su infancia, y descubren a un simbolista mórbido y decadente, erotizado y metafísico, espiritual y manierista, y entienden porqué era el favorito de Valle Inclán, qué consejos le pudo dar a su alumno Salvador Dalí, y qué podía ir buscando por tablaos, ventas y burdeles andaluces.

Por aquellos años, y desde una perspectiva más irónica y pop, creadores como las Costus, Ciuco Gutierrez o el mismo Almodóvar ya habían sabido darle la vuelta al patriotismo más kitsch, pero nuestros artistas no son nada cínicos en su admiración por el artista cordobés e intentan ver más allá y más acá del lugar común y la retórica gastada.
Al volver de aquel viaje deciden realizar una serie de obras inspiradas por el pintor, reconstrucciones fotográficas pintadas después al óleo. Pero ya hemos dicho que no miran como historiadores ni críticos, así que deciden saltarse las normas y dar vida a un universo paralelo en el que el pintor cordobés no es el camino académico opuesto a la vanguardia, sino que convive con los maestros de la otra orilla y en los fondos aparece el viejo Derain y Picasso, Braque y los cubistas sintéticos, y la fotografía no es la hermana pequeña que viene a derrocar a la pintura sino que todo es Pintura, o todo es imagen y las sales de plata y el óleo se montan una juerguecita flamenca con la historia y la contemporaneidad.
De aquella serie una pieza –La chiquita piconera– acaba en la colección del ayuntamiento de Córdoba y el resto de obras acaba en un cajón, durmiendo una larga siesta de treinta años sin que nadie las vea, vivas y muertas a la vez, como el gato de Schrödinger, esperando unos ojos que las miren, porque, como dice la copla “cuando tu no me miras, pierdo el sentío”. 1

2019

Tan sólo unos años después de aquel 1989, Francisco Calvo Serraller organiza una exposición antológica sobre Romero de Torres 2 , en la que intenta romper con los tópicos injustos sobre su obra (…) que han estado congelando su imagen. 3 El viento de la historia empezaba a soplar de otro lado. E incluso historiadores, como Francisco Javier Pérez Rojas 4 , escribían después sobre la posible influencia del cuadro Vividoras del amor de Romero de Torres en la icónica Les Demoiselles d’Avignon de Don Pablo Ruiz Picasso. Una telaraña de relaciones que nuestros artistas ya habían intuido tantos años antes, porque sí, porque no todo el conocimiento está en los libros.

Y pasan los años y el azar, como tantas veces cómplice, hace que en una conversación entre aquellos ya no tan jóvenes artistas reaparezca el recuerdo de aquel trabajo conjunto. Y días después se abre una carpeta dormida treinta años y aparecen unas obras que les parece que han aguantado bien el paso del tiempo y deciden que igual se merecen una segunda oportunidad, unos espectadores que las juzguen, que las amen o las detesten, pero que las haga estar vivas por un rato. Y con ellas, como si lo que hubieran encontrado fuera uno de esos viejos tableros de mesa olvidados, unos Juegos Reunidos Geyper o un Jumanji, reaparecen las ganas de jugar con aquellas instrucciones, de seguir con la serie
que dejaron a medias, de reinterpretar aquellas obras y aquellas mujeres, con aquellos planos y esta brújula, en el siglo XXI y con el flamenco de música de fondo, hondo y jondo, proponiendo una banda sonora de quejas, palmas y alegrías.

Son otros tiempos, con las mujeres queriendo ser como quieran, con cantaoras feministas y revoluciones violetas, donde incluso aquellas que Romero pintó hace cien años ya no quieren ser las mismas, ni ser estandartes rancios de nada, sino las intérpretes de coplas e historias que comparten con los hombres: brillantes cantaoras, bailaoras, conocidas unas –como Pastora Pavón, la Niña de los Peines, Dora la Cordobesa, Conchita Triana, Pastora Imperio– anónimas otras, como la chiquita piconera, la muerta, la carcelera, pero también los hombres, los hermanos, el preso y el asesino, el guitarrista, personajes buscando un autor que narran el pasado pero también lo eterno, sin intentar explicar lo inexplicable, porque “¿dónde hay un sabio que explique lo que quiere decir ole?”- 5

Reclamando su lugar en la historia del flamenco, mujeres de armas tomar y mujeres tomadas por las armas, leyenda y letra, creadoras y musas toman el mando y aparecen, como el genio, al frotar la lámpara. La España negra se torna multicolor.

 

1 “Ojitos de Sol y sombra” de Manuel López Quiroga
2 Julio Romero de Torres (1874-1930) en la Fundación Cultural Mapfre Vida, 1993.
3 “70 cuadros de Romero de Torres para romper el tópico”, El País, 5-10-1993.
4 Pérez Rojas, Francisco Javier: “Vividoras y señoritas. Romero de Torres y Picasso en el burdel de<la polémica y la vanguardia.”. SEMATA, Ciencias Sociais e Humanidades, ISSN 1137-9669, 2008, vol.20: 351-388
5 “Canción del Ole” (Bulerías). La Niña de los Peines, 1946.