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Texto sobre Luc Tuymans

17.11.2011

Revista Arte y Parte nº 93

Revista Arte y Parte nº 93

Revista Arte y Parte nº 93

Revista Arte y Parte nº 93

Luc Tuymans, lacónico y locuaz.

“Y Merle vio aparecer la imagen. Salida de la nada. Salida del pálido Invisible, para entrar en este mundo explicable, más claro que real.” Thomas Pynchon, Contraluz.

La obra de Luc Tuymans (Mortsel, 1958) es una de las más densas y esquivas, profundamente silenciosa y retraída, rotunda y sin embargo frágil, de entre toda la producción pictórica europea de las últimas décadas. Sus gamas poco saturadas, sus alusiones a la memoria, a lo fragmentario, a lo imperfecto y dañado, su pesimismo, podrían hacernos creer que estamos ante uno de tantos pintores autistas, de esos que se refugian tras su obra dejando que ella sea la única intérprete de su mundo interior. Nada más lejos de la realidad. Si hay un artista que se haya extendido hablando en entrevistas y escribiendo textos, contando sus circunstancias vitales, sus intereses, explicando los entresijos de cada pieza, y que mejor ha explicado sus mecanismos mentales y la forma en qué produce sus imágenes es este pintor flamenco.Seguramente ha sido esa elocuencia la que le ha servido para defender sus obras en un mundo de charlatanes y vocingleros, de vendedores de nada, y desde sus comienzos cualquiera que se acerca a abordar su trabajo tiene que contar con las opiniones de este lúcido diseccionador de la pintura.“Lo he hecho desde el principio porque desconfío de los artistas que no hablan y de vez en cuando dicen algo ‘inteligente’. Al principio fue solo un acto de generosidad –una especie de servicio– a la gente que venía a mirar mi trabajo. Y la gente estaba muy contenta con eso, hasta que se volvió contra mí y parece que la gente cree que sin la explicación la obra no está realmente ahí.”El hecho es que gran parte de la literatura generada por su obra parte de las propias elucubraciones del artista, que alimenta todo tipo de segundas lecturas sobre unas imágenes aparentemente inocuas pero cargadas de una intensidad claramente perturbadora. “La cosa es que yo explico esas cosas para completar, y no hay duda que las imágenes vienen de alguna parte y esa imagen viene de algún lado, y los historiadores del arte y la gente que indaga en el trabajo claramente serán capaces de encontrar de dónde vienen las imágenes, de donde se originan, y ellos pueden hacer sus conexiones por ellos mismos. Esa es la broma en la construcción de la obra misma. Para mí y creo que tampoco para el público, no creo que sea realmente importante saberlo completamente, o para mí forzar ese tipo de significado para el espectador. Doy la información porque es válida y te da la oportunidad de tomarla o dejarla, porque hay una clara diferencia entre lo que hablo o cómo explico las cosas y lo que es lo visual” (...)


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