Charris
Español

Encapsulados

2007

Arte portátil español en el Hotel Cápsula. Tokio.

El 18 de septiembre de 2007 se inauguró, en las cápsulas 610 y 612 del hotel Siesta de Tokio, Encapsulados, una exposición colectiva de 11 artistas contemporáneos españoles.

La exposición es obvia heredera de la boîte-en-valise de Duchamp, del museo de micro-miniaturas de Guadalest, de los microgramas de Walser y de la conspiración shandy narrada por Vila-Matas, en la que uno de los requisitos imprescindibles para formar parte de la mencionada conspiración era que la obra artística de uno pudiese caber en un maletín.

En este caso, todas las obras de la exposición, integrada por 21 pinturas, dibujos y fotografías, pudieron ser transportadas hasta las correspondientes cápsulas en un par de bolsas de aseo. No existe país más apropiado que Japón, donde se enera lo diminuto -la grulla de papel, el océano en un jardín de grava, el tamagochi y el salto de la rana en el estanque-, para llevar a cabo esta exposición que homenajea el pequeño formato frente al gigantismo de buena parte del arte contemporáneo actual. Y en Tokio no se podría encontrar un lugar más ajustado al propósito de la exposición que un par de habitaciones- cápsula (1 x 0,7 x 2 metros) de un hotel localizado junto a la línea Yamanote.

"En unos tiempos en los que la espectacularización y el gigantismo se ha apropiado del mundo del arte, un exposición dedicada al formato más mínimo parece un atrevimiento, casi una insolencia, además de toda una declaración de intenciones. El tamaño siempre ha importado pero asistimos a una utilización de lo grande porque sí, sustentada en parte por los nuevos medios de reproducción digital y la megalomanía a la que parecen abonarse ciertas instituciones públicas.

Pero hay vida más acá de las superproducciones, la hipertrofia y lo expanded. Lo pequeño puede encerrar –y eso lo sabemos bien en La Naval– toda la intensidad y emoción que buscamos en una obra de arte.

En el museo de la ciudad de Nueva York se puede ver la casa de muñecas hecha a lo largo de veinte años por las hermanas Stettheimer, para la que crearon obras artistas como Gaston Lachaise, Albert Gleizes y hasta Marcel Duchamp, que pintó una réplica de su Desnudo bajando una escalera a escala. Y en el Museo de Miniatura Reflex de Amsterdam podemos ver obras que no sobrepasan los diez centímetros de creadores contemporáneos como Damien Hirst, Louise Bourgeois, Imi Knoebel, Lichtenstein o Baselitz. Así que no es cuestión de achicarse: el milagro puede surgir a cualquier escala."

Ángel Mateo Charris