Charris
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Toronto International Art Fair

2009

Galerie D’Este, Montreal.

Si las obras de Ángel Mateo Charris fascinan tanto como intrigan, es porque nos invitan a un peculiar universo donde realidad y ficción colisionan con asombrosa exhuberancia. El espacio pictórico se inscribe en un universo cuasi arquitectónico donde las formas destiladas crean una estética en la frontera entre minimalismo y surrealismo.  Por mucho que sus pinturas se integren dentro del realismo figurativo, el artista siempre incluye inteligentemente una dosis de fantasía. La transparencia de la iconografía contrasta con la opacidad semántica hasta confundir lo narrativo con un desconcertante peso simbólico. En esencia, el aparente realismo de las figuras es ensombrecido por la extravagante ambigüedad de las escenas. 

Yuxtaponiendo iconos fuertemente codificados tanto cultural (Darth Vader, pitufos o Mickey Mouse) como artísticos (el cerdo de Paul MCarthy) con imágenes familiares (el muñeco de nieve), el artista español traduce su percepción de la realidad. Enfrentado a la visión onírica de De Chirico, Charris, que admite su fascinación por el artista italiano, establece su propia concepción del mundo a través del mestizaje de referencias culturales contemporáneas. La tensión narrativa generada por su hibridación figurativa permite al artista desvelar sus propios puntos de vista sobre lo real, lo humano y lo social.
 
Excentricidad, incoherencia y contradicciones icónicas entran en un poético diálogo visual que ofrece al espectador un espacio singularmente eficaz para la reflexión. Los cuadros de Charris son ciertamente obras para ser estudiadas atentamente pero, más importante, son obras a través de las que meditar. Si su fuerza simbólica viene de una especialmente audaz enumeración de las referencias culturales y artísticas que dan forma a nuestra cotidianeidad, su eficiencia es el resultado de la potencia narrativa y semántica inherente a cada pieza. Al espectador se le deja sin una clave para la interpretación. Cada uno puede crear su propia narración y relacionarse con las obras a su manera. Por ejemplo, cuando miramos por primera vez Faust(2009), uno no puede más que sorprenderse por el encuentro desproporcionado entre un hombre anónimo con abrigo y una enorme máscara de Darth Vader. ¿Qué estará pensando este moderno Fausto enfrentado con la inmensidad de su propio lado oscuro? ¿Venderá su alma al diablo como el personaje tan querido por Goethe? Sea cual sea la consecuencia de esta confrontación, el vagabundeo de este Fausto parece tan inevitable como el del hombre de Mudanza (2009), cuyo equipaje es tan pesado como la incertidumbre de su identidad.
 
Es, por tanto, con la ironía, la melancolía y la interrogante existencial, con lo que Charris presenta una personal y particularmente lúcida visión de la realidad. Estamos invitados a penetrar en este fantástico imaginario para echar una mirada tan crítica como mágica a nuestra existencia contemporánea
 
Émilie Granjon

Obras: