Charris
Español

Hitchcock

11.04.2015

Vuela Pluma Ediciones, Madrid

Exposición colectiva homenaje a Alfred Hitchcock con los artistas Carmen Calvo, Charris, Carlos García-Alix, Damián Flores, Mariana Laín, Juan Antonio Mañas, Andrea Santolaya, Iker Serrano y Cristina Toledo.

Del 18 de abril al 7 de mayo de 2015. Inauguración: sábado 18 de abril a las 12h.

Horario: 12h a 14h y de 17h a 20h.

c/ San Lucas, 3 Madrid 28004

 

TIPI HEDREN, NUESTRA CONTEMPORÁNEA


Para Eugenia Nino.

Resulta asombrosa la cantidad de cosas imposibles de saber que puede llegar a saber un biógrafo. El de Hitchcock, por ejemplo, Donald Spoto, siempre me pareció un conocedor alucinante de detalles de la vida de su biografiado. Porque algunas de las cosas que Spoto sabía no se comprende cómo pudo haber llegado a conocerlas: aseguraba, por ejemplo, que un día Hitchcock se había preguntado a sí mismo qué era en arte lo contemporáneo y qué no lo era.
¿Hitchcock preguntándose esto? Según Spoto, Hitchcock se lo preguntó a sí mismo en el curso de la famosa fiesta en la que conoció a Tipi Hedren. Se lo preguntó poco después de conocer a la actriz, aunque a los cuatro segundos ya lo había olvidado.
¿Cuatro segundos? ¿Cómo es posible? Si lo olvidó de forma tan fulminante, ¿cómo Spoto pudo llegar a enterarse de algo que sólo Hitchcock, que lo olvidó enseguida, podría haberle explicado?
Y sin embargo, Spoto no mintió. Porque cuatro segundos dan para mucho. Spoto pudo saber que a los dos segundos de preguntarse Hitchcock aquello a sí mismo, aquella pregunta se la trasladó –seguramente para potenciar su bien alcanzada fama de hombre
interesante- a Tipi Hedren. Y ella, en lugar de olvidarlo, lo contó años después a todo el mundo, incluido Donald Spoto.
Hedren no olvidó aquella pregunta hitchcokiana porque, de hecho, era una cuestión que venía preocupándole a ella desde hacía años: ¿qué era lo que podía verdaderamente ser considerado contemporáneo? ¿Lo era ella, por ejemplo? ¿Se podía vivir no siendo una contemporánea?, etc, etc.
Quizás fueran las propias ondas mentales de Hedren las que alcanzaron de lleno al propio Hitchcock y le hicieron a éste hacerse aquella pregunta, tan anómala en él.
-Miss Hedren, ¿qué es contemporáneo en arte y qué no lo es?
Ella debió pensar: es lo mismo que me estaba preguntando yo ahora. 
Sea como fuere, el hecho es que Hitch se preguntó aquello y que, nada más hacerlo, inmediatamente lo olvidó. Tipi Hedren, en cambio, siguió preguntándose por lo contemporáneo durante años. Y un día, en una exposición de pinturas en Los Ángeles, habiéndole un periodista preguntado qué opinaba de aquel arte tan contemporáneo que se exhibía en la sala, se vengó de Hitchcock y de la persecución sexual a la que por un tiempo éste le había sometido y dijo que aquellas pinturas le hacían recordar que el gran
Hitchcock era un hombre que sufría al sentirse anticuado, lo cual no dejaba de ser una preocupación absurda, pues -tan sagaz como era aquel hombre- debería haber caído en la cuenta de que ser contemporáneo no era estar a la moda.
-¿Ah no? ¿Qué es pues?
Y Hedren entonces pensó su respuesta.
-Es sentir un desfase con tu época y acabar criticándola con dureza.
-¡Tipi! –gritó escandalizada una amiga.
-Porque, por paradójico que pueda parecer –continuó Tipi- sólo perteneces del todo a tu tiempo si notas ese desfase, esa anomalía, esa falta de completa conexión con el presente.
Sabias palabras, si se me permite decirlo. 
Quizás esto Tipi no lo supiera, pero Nietzsche mismo, por ejemplo, fue
contemporáneo porque no coincidió con la época que le tocó vivir, ni se adaptó a sus pretensiones. Justamente por ello, a través de esta diferencia y de este anacronismo, fue capaz más que los demás de percibir y entender su época. Yo creo que Tipi, quizás inspirada por el propio Hitchcock, que a su vez se había inspirado en ella, sabía muy bien lo que decía. Porque yo también creo ver que la imposibilidad de adaptarse no significa que “contemporáneo” sea aquel que vive en otro tiempo, un nostálgico que se sentiría mejor en la Atenas de Pericles o en el París de Scott
Fitzgerald. No. Y no. Y no. Un hombre inteligente puede detestar su tiempo, pero sabe que no puede escapar de él.
La contemporaneidad es adherirse a nuestro propio tiempo, pero, a la vez, tomar distancia del mismo. De hecho, aquellos que coinciden completamente con su época y concuerdan en cualquier punto con ella, no son contemporáneos, pues, justamente por ello, no logran verla, no pueden mantener fija la mirada sobre ella.

Enrique Vila-Matas, 27 de febrero 2015.