Charris
Español

Generacional

2007

Mateo Charris, Ángel

El gran río del arte se ha ido adaptando a las características del terreno por el que discurre y, si hasta hace poco se regeneraba y crecía a través de los aportes de ocasionales afluentes más o menos importantes, ahora su curso se ha transformado en un gran delta, lleno de meandros y manglares, de caprichosas curvas y curiosas asociaciones del fluido.

Somos una generación atomizada, en sí misma y como conjunto de unidades atomizadas: un grupo que se asemeja más a una pandilla de paracaidistas jugueteando en caída libre, buscando asociaciones  ocasionales, que a una unidad militar convencional o a un grupo religioso orando en comunión.

Y es que nos hemos vuelto politeístas, hijos de muchos padres, con altares dedicados a cultos olvidados y dioses menores. No buscamos tanto al gran padre espiritual ni a la montaña sagrada como nuestros predecesores. Y el resultado es una iconografía de iconografías, contaminada y mestiza y que necesita creer que no todo consiste en lo que se ve, que necesita los otros sentidos –el gusto, el olfato, el oído, el tacto– para entender un concepto. Y a veces hay que maltratar a la imagen, esconderla, disfrazarla de algo, o maquillarla exageradamente, o hacerla desaparecer: el amor se demuestra de muchas maneras.

El zeitgeist se escabulle y esconde como los reflejos en una tienda de cristalería, se fragmenta, y te reconoces en lo que hacen otros que hasta ayer no tenían nada que ver contigo.

El fotógrafo africano Malik Sidibé tiene mucho éxito entre sus conciudadanos de Bamako, retratándolos también de espaldas: es la tierna ingenuidad de la inocencia aún no perdida del todo en el tercer mundo. Nuestra generación se ve de frente, de espaldas, desde cualquier ángulo y lugar, por dentro y por fuera, y esa visión de ojo de mosca nos ha hecho cambiar la forma de representarnos. La visión del caleidoscopio confunde pero también se abre a la sugerencia y a las interpretaciones creativas.

Uno pude creerse una isla, pero siempre está enclavada en un archipiélago, en un continente, en un planeta. Una apariencia no hace generación, como no es el hábito lo que hace al monje.