Charris
Español

Viajeros. Ángel Mateo Charris

2009

Castilla, Amelia

Le gusta comprar juguetes de hojalata, zapatos y camisas estrafalarias tras rebuscar entre cabezas de mono disecadas, teteras y raíces de jengibre, pero lo que realmente buscaba aquel día en el oloroso mercado de Djeneé eran instantes. Apenas un momento de emoción, ese que se queda alojado en la memoria y que luego lleva al lienzo y recrea en el papel, porque Ángel Mateo Charris pertenece a la categoría de los artistas que funden el arte y la vida. Se sabe que fue el pintor de la República de Cartagena y que fue capaz de cruzar un océano Tras las huellas de Hopper. Y que escribe tan bien como pinta y que en ambas partes se alimenta de sus viajes, da igual que sean imaginarios o reales. Como aquella noche en un cabaret de Bamako, mientras sonaba la kora  de la mano de Toumani Diabaté, y un hombre tan robusto como borracho bailaba la danza de la lluvia con una botella de Castel Beer en la cabeza. Aposté 100 francos a que se haría añicos antes de que la kora dejara de sonar, pero Charris me miró con esa sonrisa oblicua de quien ha cubierto ya varios trayectos. De vuelta en la habitación, en un folio con el sello impreso del hotel, Charris reflejó con trazos rápidos y realizados en tinta el rostro abotargado de aquel nativo. Ahora, ese dibujo, convenientemente enmarcado, cuelga de una de las paredes de mi casa, como recuerdo de un momento de inspiración. Ese que todos buscamos.