Charris
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Globalismos. 2010. Oil on canvas. 81 x 116 cm.

Globalismos, 2010. Oil on canvas. 81 x 116 cm
Globalismos, 2010. Oil on canvas. 81 x 116 cm

"Hace una semana, pasé bastante tiempo observando la pintura de Charris para realizar un texto sobre su fascinante obra. Y uno de sus lienzos en concreto, Globalización, ha continuado girando en mi cerebro. Básicamente, porque puedo estar equivocado pero creo que apunta a un hecho que a nadie sumergido en los procesos culturales actuales debe haberle pasado desapercibido: Baudrillard, Zizek, Delleuze, Derridá, Barthes, Foucault y Lacan son marcas. No muy distintas de Ford, Nestle, Mercedes o Adidas. Pero en este caso, no son garantía de acabados elegantes, ropa útil o alimentación sana. Lo son de respetabilidad. De credibilidad intelectual. Basta citarlos para que una tesis o un artículo pase a "otro plano". Del periódico al libro. De la calle a la Universidad. Y de ahí al "posible" canon. La antología. Como es suficiente con que alguien vista un jersey de cuello alto y posea un libro de Lacan abierto en su despacho, para transmitir "poder" intelectual.  Algo ya sabido, sí, -recuerdo ahora entre muchos otros libros, La fea burguesía de Miguel Espinosa- pero que es necesario recordar de tanto en tanto. Básicamente, porque hoy se sobrevive o bien bajo la sombra de estas marcas o bien atacándolas. Pero siempre citándolas. Como ocurría con el libro de Naomi klein, No logo, que más allá de su posicionamiento ético "noble" y "correcto", -entiéndanse estas comillas como se desee- nombraba una y otra vez a lo largo de las cientos de páginas del libro las marcas y corporaciones que deseaba combatir. Lo que en cierto modo, creo que provocaba el efecto contrario del que apostaba por conseguir: las fortalecía. De hecho, pronto comenzaron a surgir camisetas con el logo No logo. Porque las marcas como los grandes equipos necesitan rivales. Enemigos fuertes. O crearlos. Para así, poder destacar. Ser visualizadas. Poder escuchar las opiniones contrarias. Y al poco tiempo, plegarse en sí mismas y, según los dictados del capital, volver a expandirse. Algo lógico. Porque los seres humanos necesitamos comer y las marcas -a cambio de la esclavización- proporcionan alimento. Trabajar para ellas -no importa donde sea y en qué condiciones- asegura el sustento. Una pieza de pan en la boca. Como citar a Lacan o Delleuze, confirma la plaza universitaria. El buen nivel del trabajo o la tesis sin importar realmente el contenido o de qué hable el paper. Circunstancia que nos informa con claridad de que la globalización es básicamente colonización. Manipulación del extrarradio, el consciente y el inconsciente. Y de que el logo de una marca en la camiseta de una persona o en la acera de una ciudad es parecida al sello de pertenencia grabado en la piel y lomo de una oveja o un cerdo dentro de una granja. Es básicamente un "no te escaparás", "ya eres mío", "me perteneces"."

Alejandro Hermosilla en Avería de pollos. Leer TEXTO COMPLETO

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