Charris
Español

Lo que aprendí de Dora

11.12.2025

Que la vida y el arte no están casados pero son pareja de hecho, y que comparten una relación apasionada, complicada, tierna, con altibajos, emocionante: una de las buenas.

Que si en tu familia abundan los napoleones, los literatos del 98 y las niñas que inauguran la torre Eiffel, tienes que estar a la altura e ir a por todas, y si no, también. 

Que hay que escuchar atentamente al del medio de los Chichos y a Cacho si se te aparecen en sueños.

Que puedes decir “mis tontos” con todo el amor del mundo, sin connotaciones negativas (pese a lo que la corrección política diga), y llamar “tonto” en prensa al consejero de Cultura de turno, ahí sí, en negativo. Que no se puede ser irreverente y correcto al mismo tiempo.

Que las fiestas se te pueden ir de las manos y que tus amigos acaben rellenando los bebederos de los canarios con ginebra. Que a los pájaros no les va bien la ginebra, ni cualquier otro tipo de alcohol. Que a lo mejor tus amigos no son tan estupendos como pensabas y que, desde luego, los seres humanos no son mejores que los pájaros. Que hay que tener cuidado con a quién invitas a tus fiestas.

Que no es lo mismo ser hombre, alemán, vivir en Berlín, y llamarse A.R. Penck, que ser mujer, española, vivir en Escombreras y llamarse Dora Catarineu. Que es ingenuo pensar que los consagrados son necesariamente mejores que los que no han llegado, aunque en muchos casos lo sean. Que haber llegado es una cosa muy subjetiva. Que nos creemos que nuestro pensamiento es muy libre pero que los condicionamientos sociales y culturales ocupan el 99 por ciento de lo que creemos, según dice Yuval Noah Hariri que es de los listos, que son de los que hay que enamorarse y no de los guapos. Que lo de la meritocracia es un camelo.

Que puedes pasar de niña bien a artista mejor. Que puedes empezar bailando y acabar jugando con la tierra, el agua, el aire y el fuego. Que los caminos casi nunca van en línea recta. 

Que la generosidad no tiene medida cuando es sincera. Que las medidas de la olla de cerdo para agasajar a tus invitados tampoco. Que puedes regalar a amigos por la calle casi todo de lo que te acabas de comprar en Zara. Que dar es dar, y punto.

Que no tienes que ser siempre consecuente. Que puedes hacer una cosa y la contraria porque es parte de la naturaleza humana, porque puedes ser bueno sin ser beato y malo sin ir al infierno. Que se te puede ir la pinza y seguir siendo tu. Que del odio al amor, y viceversa, sólo hay un paso. Que no se puede ser persona, ni personaje, sin ser contradictoria.

Que a veces estás arriba y a veces abajo.

Que Salsa Sudada era la mejor discoteca de Tokio en los 2000.

Que hay que tener cuidado con los materiales que utilizas porque luego las cosas no duran (y si no, que se lo pregunten a Anselm Kiefer, a Tapies o a Barceló).

Que existe un arte de poner nombre a las mascotas (Azul, Beefeater, José Tomás…)

Que las reencarnaciones deben existir, porque no puedes ir por primera vez a Lisboa y que cada calle te suene, cada plaza, cada pequeño restaurante, aunque sólo recuerdes el lugar pero no quién eras, a qué te dedicabas o cuando. Que la perplejidad está bien.

Que, hablando de arte, hay que hacer lo que te dé la gana en cada momento, sin contar con lo que esperen de ti. Que a veces vas por delante y a veces por detrás, pero nunca hay que seguir estelas ni abrazarse a lo que toca.

Que hay que juntarse con gente joven, que no necesariamente tienen que ser artistas, porque te recuerdan de donde vienes, porque aún tienen en la mirada la esperanza y la sorpresa, porque suelen ser más divertidos, siempre que intentes aprender de ellos en lugar de educarlos.

Que para quitar la mesa después de una comida es más rápido anudar el mantel con todo lo que hay sobre ella (platos, copas, cubiertos) y tirarlo a la basura, que recogerlo (siempre que te lo puedas permitir).

Que los extravagantes son la sal de la humanidad. Que sin las cigarras las hormigas no van a ninguna parte.

Que ser mujer artista en el siglo XX no era lo mismo que hombre artista, porque el pluriempleo te venía de serie. Ni ser madre que ser padre. Tampoco ahora, aunque los tiempos estén cambiando, no lo demasiado rápido ni para todo el mundo.

Que la cerámica es un arte mayor y no una disciplina decorativa secundaria. Que la grandeza no reside en el cómo sino en el qué. Que la grandeza no reside en el qué sino en el cómo.

Que no hay que fiarse, como premisa, de los galeristas, marchantes, comercializadores de último recurso y demás, como ellos no se fían de ti. Que puedes ser amigo de todo el mundo (también de tu galerista).

Que para llegar a alguna parte hay que trabajar mucho (aunque reniegues, te quejes y te parezca que trabajar es una ordinariez).

Que tampoco hay que fiarse de los políticos ni donar obras sin condiciones. Que puedes regalar una escultura pública a una ciudad que amas (digamos La Unión) y que acabe mutilada y arrumbada en un almacén, en vez de en el lugar preferente que se merece, y que ni te informen de ello, ni te pidan perdón, ni subsanen el error. Que “pleitos tengas y los ganes” es un proverbio de los que suelen acertar.

Que no todos los proyectos que acometas (como el de resucitar el periódico La Tierra, pongamos por caso) van a tener éxito, que muchos se quedarán por el camino, pero siempre recordarás las reuniones, la ilusión, los nuevos conocidos, las conversaciones, la mecha encendida, más o menos larga, pero vital para esta cosa que llamamos existencia.

Que hay elixires mágicos que se vuelven ponzoñosos. Que hay semillas tan duras que por mucho que las riegues no germinan. Que si esperas a Godot, no te quedes sin tabaco

Que hay que mantener a raya a tus demonios (la envidia, la ira, la venganza, la vanidad…) o acaban comiéndote por dentro. Que más vale seguirles el rollo e irte de copas con ellos que intentar liquidarlos. Que uno hace lo que puede con lo que le dan.

Que lo imperfecto es mucho más interesante que lo perfecto.

Que ser Dora es mucho.

Y que hay que reír, reírse mucho de todo y de todos, siempre y en todo lugar, por los siglos de los siglos.

 

Charris.