Diamantes en la basura de Charris y Pepe Inglés
2025
Peñalver, Patricio
La galería La Aurora, de José Fermín Serrano, acoge estos días una exposición con obras de estos dos reconocidos artistas a beneficio de la ONG Cirugía Solidaria
¿Una inauguración de una exposición de arte, un sábado a las 12 de la mañana? Pues, sí. Ahí se anunciaba la muestra ‘Diamantes en la basura’, de Ángel Mateo Charris y Pepe Inglés. Por fin me estrené y asistí por vez primera, además con nubes de lluvia. Las costumbres van cambiando, también las modas, y ya no estamos en los tiempos de aquel de Eugenio d’Ors cuando decía «en Madrid, a las ocho de la tarde, das una conferencia o te la dan». O sí. Ya probé esa moda del sábado a las doce en Madrid, en un par de ocasiones, con la presentación de mis dos últimas novelas, a esa hora del vermut en el Foro.
Así que me dirigí a la Galería La Aurora por la calle recóndita que da a la parte trasera del Monasterio de Santa Clara, con esa pintoresca plazoleta, y enredaderas de jazmines, para llegar al Arco de la Aurora, que tanto me fascinó desde niño, y terminar frente a la galería, en la que se puede leer la placa con aquellos versos del poeta Jorge Guillén: «Cal de color aurora / permanente que se asoma, / sobre corro o motín / al barrio aquel del sur, / humilde eternidad por calle corta». Llegué con excesiva puntualidad, apenas había gente, y comencé a dudar de ese horario, pero no; el personal fue llegando y la sala se llenó a rebosar.
Me encontré con Carlos Egea, presidente de la Fundación Cajamurcia; la pintora Carmen Cantabella; el creativo publicitario Jorge Martínez, y Juan García Sandoval, director del Museo de Bellas Artes de Murcia, así como con un grupo de médicos. En esa exposición organizada por el galerista José Fermín Serrano colabora la ONG Cirugía Solidaria, a la que irá destinado un tanto por ciento de las ventas, de las pinturas y cerámicas.
Saludé a Pepe Inglés, después a Charris, y de pronto por una asociación de ideas, recordé a Dora Catarineu. Dora fue una auténtica punki, nunca se cortó un pelo para decir lo que pensaba. Allá por los finales de los 90 uno de esos días que andaba de bajada subió a Murcia, nos encontramos, y me dijo: «Hazme una entrevista, que no me hace caso nadie. A ver si se enteran estos paletos. ¡La vamos a liar!». Y se echó a reír a su manera. Dicho y hecho. Otro día quedamos en el Gran Rhin y las quisquillas y langostinos volaban. Nos reímos mucho y la grabación daba incluso para escribir un periódico entero.
Creo que esto viene a cuento porque a Charris le costó entrar en el universo de Dora, hasta convertirse para siempre en el gran Charris. Dora siempre que estaba por Murcia te mencionaba a Charris o a Cacho.
Charris explica que «esta exposición empieza con la visita del pintor a la casa y taller del ceramista en el campo, en la llanura de las palmeras lejanas y solitarias, entre lechugas y pesticidas, en un entorno donde el milagro surge en un lugar que según quien lo mire, puede parecerse al turbulento escenario de una matanza tejana o la maravillosa Arcadia de la que hablaban los poetas griegos». Por supuesto, prosigue, «no es ninguna de esas cosas, pero ha encendido una chispa que ha obligado al pintor contar la historia de la luz y de los azules, los cuencos de barro, la del coleccionista oliendo las trufas bajo el terreno, del arqueólogo buscando el futuro y el pasado en el ahora: el deslumbramiento de la búsqueda de los diamantes en la basura».
Voy a llegar a la conclusión de que el sabatino horario funciona. O sea que a las doce en Murcia, o presentas un libro o te lo presentan, o expones o te expones.
Posdata: Este artículo se me borró en el ordenador, por arte de birlibirloque, en dos ocasiones, por lo que deduzco una cosa: que no hay dos sin tres




