Hijos de la Anarquia
14.09.2026
Figuraciones Europeas I. Exposición colectiva en La Naval
Hijos de la Anarquia
Hubo un tiempo en que la historia del arte parecía correr plácidamente por un río. Un tramo seguía a otro que llegaba un poco más allá, un poco más lejos, un poco más despojado. Como mucho algún meandro burlaba temporalmente el curso de la corriente hasta que se avenía al orden establecido. Gurús e historiadores de prestigio marcaban los diferentes tramos y se apartaban los cadáveres a los lados del trayecto, junto al limo y los lodos de la orilla. Uno de esos cadáveres había sido la pintura figurativa, a la que se le permitía una semiexistencia regional y periférica, lejos de los palacios del poder y las grandes citas de la contemporaneidad,
Pero alguien recogió los despojos y entendió que ese cuerpo aún respiraba y utilizando todo tipo de conjuros y formulas de la sabiduría ancestral, consiguió insuflar un nuevo aire de vida en la maraña de telas, oleos, carboncillos, imágenes viejas y visiones nuevas.
Los hijos de la anarquia estaban de vuelta, bailando sobre las tumbas, robando y asaltando los museos y las cancillerías, abofeteando a los pretenciosos y a los pseudoracionalistas, celebrando una gran fiesta: el baile de la pintura y las ideas.
Se apuntaron un buen número de artistas europeos; a fin de cuentas, los legítimos herederos de los viejos congresos confederales constituidos tras las caídas de las monarquías obsoletas y las repúblicas asaltadas. Y volvió a haber pintura, dibujo, fondo y forma, pero de otra manera, siempre metamorfoseándose en un carnaval de sombras y luces, como en aquella vieja caverna en la que dicen que empezó todo.




