Charris
Español

Charris: «Ser conscientes de la fragilidad y de la transitoriedad siempre es bueno»

16.04.2020

La trayectoria plástica de Ángel Mateo Charris (Cartagena, 1962) durante las últimas tres décadas se ha caracterizado por una línea figurativa muy personal, no exenta de ironía, aunque algunos críticos la han calificado de neometafísica, junto a Gonzalo Sicre o Dis Berlin, entre otros. Lo cierto es que a él le gusta colaborar con pintores, arquitectos y fotógrafos, y así lo ha hecho con el citado Sicre,  Martín Lejárraga o Miguel Martínez, entre otros, para llevarle a caminos inesperados, siempre estimulantes para su creatividad.

Licenciado en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia en 1985, este pintor ha viajado por numerosos países en los últimos años, y sus influencias pictóricas no solo vienen de su gran conocimiento de la historia del arte y las vanguardias del siglo XX, sin dejar de citar a Edward Hooper y la escuela americana de la Escuela del río Hudson, el arte pop, pero también de cineastas, fotógrafos, ilustradores de cómics o incluso de la literatura que lee o de la música que escucha.

En la entrevista telemática concedida desde su confinamiento en Murcia ha compartido con ARS Magazine una serie de reflexiones sobre sus preocupaciones, anhelos sobre su tránsito por el mundo del arte, pero también sobre los problemas actuales, no solo de la crisis sanitaria sino también por las cuestiones medioambientales o de lo que aporta el arte.

Su última exposición fue “Hondo”, junto al fotógrafo Miguel Martínez, donde reivindicaban el papel de la mujer en el flamenco partiendo de  Romero de Torres. ¿Cómo fue la experiencia con otro creador?

Trabajar con otro siempre te lleva por caminos inesperados y eso siempre está bien. Conozco a Miguel hace mucho tiempo y esta exposición parte de una serie que hicimos en 1989. Salvo una pieza, que está en la colección del Ayuntamiento de Córdoba, la serie había permanecido inédita así que nos pareció buena idea mostrarla en el entorno del Festival del Cante de las Minas de La Unión. En su día la planteamos como una especie de juego en el que recreábamos fotográficamente las composiciones del pintor cordobés y luego yo intervenía al óleo encima con referencias a los movimientos de vanguardia coetáneos a Romero de Torres. Ahora, 30 años después, y con la ayuda de jóvenes artistas, actrices, bailarinas y músicos que hicieron de modelos, hemos usado las mismas premisas aunque después yo he intervenido de una forma mucho más libre.

Se ha asociado su trabajo a la influencia de Hopper, pero hay otros artistas que también le han influido como Miró, Klee, De Chirico, Sorolla, Spilliaert, Dalí o Beuys. ¿Qué otros pintores le han dejado huella? 

No diría que todos esos autores me han influido. Aunque sí han aparecido de una forma u otra en mi obra. Durante muchos años he reflexionado sobre el mundo de la cultura e incluso hice series sobre el mundo del Arte, así que hay muchos autores que aparecen citados, homenajeados, mezclados con otros conceptos en los collages visuales que he ido creando. Beuys, que nunca ha sido una influencia para mí, aparece como personaje en varias de mis obras. A Miró le he hecho un par de homenajes como admirador, pero no diría que se puedan rastrear rasgos comunes con mis obras, y si las hubiera serían muy sutiles.
En el caso de Hopper, al que dediqué una exposición junto a Gonzalo Sicre, esa influencia se mezcla con la de la iconografía americana, especialmente de los años cincuenta, de la novela y el cine negro, de Walker Evans, Stieglitz, y también de antecedentes comunes, como Felix Vallotton, por ejemplo.

Han aparecido tantos creadores en mi producción de una forma u otra, que sería muy largo de enumerar. Y no sólo pintores, también cineastas, ilustradores, fotógrafos…Mark Tansey, Bernard Plossu, Hergé…

Ten en cuenta que los artistas no miramos a la Historia del Arte o a la creación contemporánea como lo hacen los historiadores o los críticos, sino como una especie de bazar persa lleno de maravillas del que vamos sacando cosas que nos sirven para construir lo nuestro. Y cuando las cosas destellan no importa nada la fecha en que fueron creadas o su procedencia, si alguien las considera oro o quincalla, es un flechazo emocional.

Desde hace años, la literatura y los viajes son recurrentes en su trabajo. ¿Qué escritores y lugares le han inspirado más en sus obras?

Me gustan los libros y me gusta viajar, y todo eso acaba metiéndose en la obra, sirve como chispazo inicial en algunos casos, pero en general ha sido la pintura la que ha ido marcando mi hoja de ruta o mi manual de usuario. La pintura ha decidido qué es lo que tenía que leer o adonde viajar, qué música escuchar, así que Melville, Stevenson, Lotti y demás me acompañaron por los mares del Sur para mi serie sobre el Tiki, Dos Passos, Faulkner y Carson McCullers por los viajes americanos, Pynchon y Foster Wallace por el mundo de lo raro y lo contemporáneo, Natsume Soseki y Kawabata por Japón. Son muchos y muy variados.

Y luego han aparecido también las propuestas para ilustrar libros que me han llevado por otros universos en los que no había pensado, como a la Inglaterra victoriana o al steampunk con Dickens, o al África conradiana que tuve que mezclar con la mía, que era mucho más Isak Dinesen.

Y además de sus trabajos con obras maestras de Conrad, Dickens o Mann, entre otros. ¿Qué novela le gustaría ilustrar?

Ahora estoy una fase en la que el concepto tiene menos importancia así que no estoy tan interesado en ilustrar las historias de otros.
Pero como juego, al que siempre me apunto, podría meterme en cualquiera, especialmente si no se parece en nada a lo que ya he hecho.

¿Cree que sus pinturas requieren de una mirada cómplice por el enigma planteado?

Toda obra de arte necesita la complicidad del espectador, para ser disfrutada al menos. Pero sí, hay obras que tienen ese aire de acertijo o de enigma que pueden abrirse a interpretaciones variadas, que sugieren más que cuentan, que parecen requerir una explicación aunque no siempre sea la intención del creador. Una vez que la obra está acabada tiene vida propia y, como los hijos, no siempre cumplen las expectativas de los padres, gracias a Dios.

La crisis sanitaria del Covid 19, ¿en qué modo está condicionando su       trabajo? 

No demasiado, el estudio está muy cerca de casa y cuando no he podido ir he hecho cosas pequeñas en casa. Otra cosa es que me pueda concentrar con todo el ruido de estos tiempos. Hay una vibración colectiva de preocupación, dolor en muchos casos, e incertidumbre que acaba afectándonos a todos.

¿Ha tenido que posponer algún proyecto?

Tenía varias exposiciones colectivas previstas esta primavera, dos de ellas en Barcelona, que han tenido que posponerse hasta no sabemos cuándo.

¿Cómo valora que el mundo del arte y de otras manifestaciones de la cultura hayan propuesto nuevas alternativas a través de la red en este largo período de confinamiento?

Me parece bien todo lo que ayude a la gente en estos días inciertos.Tiene una parte de intentar ser útil en lo que se pueda y otro en la propia necesidad de no estar parado y de apagar la angustia del momento con actividades. Pero también es saludable parar en algún momento y reflexionar, no estar actuando todo el tiempo.

¿En qué medida nos va a cambiar a todos lo sucedido con la pandemia?

Los tiempos extraordinarios tienen la facultad de dilatarse en nuestra conciencia, de parecer que los minutos duran horas y que los días meses, pero lo cierto es que han pasado unas pocas semanas. Me parece exagerado empezar a hacer previsiones, ni anticipar catástrofes. Si esto acabara en un tiempo razonable, probablemente estaremos al poco tiempo como si nada, y el caso es que no debería, deberíamos cuestionarnos cómo es el mundo en el que queremos vivir, adonde nos lleva no hacer nada diferente. El cambio siempre asusta pero presenta una oportunidad estupenda para mejorar. Y ser conscientes de la fragilidad y de la transitoriedad siempre es bueno. El primer artículo del código del samurai es salir a la calle cada día sabiendo que puedes morir.

¿Cree pertinente volver a leer El mundo de ayer de Stefan Sweig por su acertado diagnóstico del fin de una época tras esta crisis?

Cualquier excusa es buena para leer un libro tan fantástico como El mundo de ayer. Nos vemos retratados en esa sensación de perplejidad ante lo implacable de los cambios, la cara de tonto que se nos pone cuando la tierra se mueve bajo nuestros pies y cómo no hemos querido ver las señales que avisaban de todo esto.
Todo el mundo está sólo en esto del coronavirus y el temor a la crisis económica, pero la crisis medioambiental que se nos avecina me parece más preocupante a largo plazo, y todavía podemos decidir cómo se escribe ‘El mundo del mañana’.

¿En qué proyectos editoriales o expositivos está trabajando ahora? 

Saldrá pronto un nuevo libro de Lorenzo Silva para el que he hecho la portada. Y estoy trabajando en varias series de obras. Una sobre la trashumancia con un rebaño de ovejas merinas negras por Extremadura que se engloba dentro del proyecto Caravana negra con creadores de muchas disciplinas como Agustí Villaronga, Gabi Martínez, Carla Boserman, Carla Berrocal, Carles Mercader, Miguel Torrecillas y Gema Arrugaeta.
Y estoy reelaborando una serie sobre el Pacífico que hice para una frustrada exposición en Manila, entre otras cosas.

¿Qué puede aportar el arte en estos momentos?

Preguntas, distracción, belleza, consuelo, entretenimiento. Nos ayuda a compartir emociones y a cuestionarnos lo que es estar vivo. Y no sólo en estos momentos.

¿Prefiere el aislamiento para crear o la movilidad del viaje para nutrir su imaginación y luego plasmarlo?

Para mí el aislamiento es necesario para crear, también el aburrimiento, por muy denostado que esté. Viajar ha sido importante mucho tiempo y ahora ya no lo es. Todo cambia, siempre. Lo único importante es vivir y ser consciente de elloJulián H. Miranda

 

Ver el artículo en ARS MAGAZINE Revista de Arte y oleccionismo