Charris
Español

LOS MEJORES 2025: CHARRIS

14.12.2025

En una antigua carpintería del barrio cartagenero de Las Cuatrocientas, promovido por la Confederación Nacional de Sindicatos (C.N.S.) en la década de los cuarenta del siglo XX, tiene su estudio el pintor Ángel Mateo Charris (Cartagena, 1962), premio Los Mejores 2025 por abrir, proyecto a proyecto, nuevos caminos en el machucado territorio del arte. "Lo importante", afirma el "metafísico" Charris, muy agradecido por este reconocimiento de LA VERDAD, "no es cambiar o no, sino no enmohecerse. Empezar cada día como si fueras un principiante y no conformarte con repetir los trucos de perro viejo".

Ha llegado hasta aquí con un convencimiento: que el arte no se traga cualquier cosa. "Has de empezar cada vez como si fueras un novato. Mente de principiante, que dicen algunos seguidores del zen. No puedes estar haciendo lo que hacías ayer", sostiene, corroborando lo que en 2023 proclamó en el Museo de Bellas Artes Santa María de la Arrixaca.

A sus 63 años, Charris, el pequeño de cuatro hermanos, es consciente de que entre la calle Guipúzcoa y la calle Vigo de Cartagena ha construido todos los mundos posibles que caben en sus cuadros. Y esto no quiere decir que no haya viajado, pues vivió en Nueva York [en 1988 marchó junto al pintor Gonzalo Sicre], donde Pedro Cano practicó con él el arte de la beneficiencia, y gracias a esto, al trabajo día a día, ha podido saciar también su apetito viajero, con Estados Unidos y Japón como imaginarios de referencia. Recuerda que en París en 1949 vivían 46.800 pintores intentando abrirse paso en el mundo del arte: "¿Cuántos recordamos hoy?", se preguntó a propósito de la conferencia de las patrañas del arte. "Los especialistas, unos cientos; los aficionados, unas decenas: la gente corriente, unos pocos. Hoy, solo en Nueva York, se calcula que son unos 55.000 creadores partiéndose la pana, solo entre artes visuales y escénicas. Así que al artista sólo le queda hacer como si fuera artista. Ponerse a ello como si se dispusiera a hacer arte del grande. Tener la actitud, la disciplina, la postura, pero nada de eso garantiza que lo vayas a lograr."

Es más: "Al arte no le importa un carajo si lo consigues o no, no te lo va a recompensar o castigar. No es un dios ni malévolo ni benefactor". Lo cierto es que Charris ha llegado a la conclusión de que "el arte ha de ser tu mundo, no una recompensa que sueñas disfrutar desde el más allá".
En ese más acá, en el barrio de Cuatro Santos, no tenía antecedentes artistas, ni en su familia ni en su entorno. "Yo no me he tenido que buscar la vida: la vida me acaba buscando a mí. Ni siquiera para entrar en las galerías he buscado nada, son cosas que han sucedido. Un día me llamaron de My Name'sLolita Art, y hasta 2025 que ha cerrado he estado con ellos. No he tenido que tocar muchas puertas, en general".
No es Charris practicante del budismo, pero reconoce que uno de los libros que más ha influido en su vida es "El zen es la mayor patraña de todos los tiempos", una recopilación de enseñanzas de Kodo Sawaki, "un monje budista japonés, malhablado y errante, que murió en 1965 y que para mí equivale a una operación de cataratas, a un purgante contra el exceso de cultura, a una invitación para despedirte de ese personajillo que te has ido creando, a un golpetazo con la vara de bambú en la cabeza".

No todo es arte, y el arte tiene mucha patraña, insiste el creador cartagenero: «Todo va cambiando, incluso la presión de la gente sobre lo que es arte, lo que es bueno o es malo. Al final, uno hace lo que puede. Pero hay muchas cosas que la gente piensa que es arte que no es más que propaganda, marketing o otra cosa que no es el verdadero arte».
Con perspectiva, Charris, que acabó la carrera en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia en 1985, cree que haber llegado a 2025 dedicándose al arte es fruto del movimiento constante. «En realidad, todo ha cambiado mucho. La estructura del mundo del arte, los museos... todo ha sufrido un cambio brutal. De todo había en los 80 menos, y a una escala más pequeña en lo nacional y en lo periférico».

Nada más acabar la carrera pasó unos meses en Nueva York, «y yo no había subido a un avión nunca, fue un cambio total, y lo cierto es que aquel Nueva York no tiene tampoco nada que ver con el de hoy. Alli había unas pocas galerías y museos estupendos, pero hoy hay doscientos mil y barrios enteros de galerías, y el mercado del arte maneja mucha pasta. Ya no es el mundo romántico que contaba muy bien la cantante Patti Smith en 'Éramos unos niños' (Lumen, 2010)».

Si el espectador se fija en una obra de Charris es posible que tenga la impresión de que hay una convivencia de tiempos distintos. «Me gusta usar personajes y elementos de revistas antiguas, que los personajes no se vistan como en el tiempo de hoy. Esto me hace poner distancia, da la impresión de que no retrato el tiempo de hoy, es como si estuviera en el mundo de la pintura, un tiempo y un espacio que no es igual que el real. Esto hace que me pueda permitir ciertas cosas, aunque no es solo una cosa mía, pues, por ejemplo, [Caspar David] Friedrich no pintaba a la gente con la ropa de su época, era como de décadas antes cuando había un estilo imperante diferente». Esto le permite dialogar perfectamente con el cine y la literatura. Ese filtro, que hace pensar que «esto es otra cosa», le lleva en el fondo a jugar entre lo que es real y no es real.

Charris quería pintar y hacer cosas «fuera de corriente», «y pintar figurativo, estando muy mal visto en algunas épocas». La literatura como elemento de la obra de arte. «Lo peor que te podían decir de una obra de arte es que fuera literaria. Por eso yo quería hacer una cosa rara, usando elementos que tienen que ver con la ilustración, o incluso con la publicidad, sin ser parte de una tradición, de una historia de la pintura occidental. Por eso que me dejaran entrar en el mundo del arte contemporáneo así como tal era un poco difícil», asume. Su primera exposición individual tuvo lugar en 1986 en la Real Sociedad Española de Amigos del País en Cartagena. El primer premio que recibió en su carrera fue de escultura, el segundo fue de cómic y otro de pintura; luego le becaron (en 1989 es premiado en el Certamen Nacional de Jóvenes Fotógrafos que convoca el Instituto de la Juventud para Les Rencontres de la Photographie de Arles, en Francia, por un proyecto con fotografías con tomas tridimensionales y también escribía, y editaba sus propios catálogos. «Era un sueño de lo quería hacer y que he conseguido, en realidad, hacer todo este tiempo, y todavía me dejan hacerlo». Se propuso crear «la revista más pequeña del mundo», y creó La Naval [en 1995 aparece el primer número]. Más tarde, ya con el arquitecto Martín Lejárraga, se convierte en un proyecto editorial y expositivo que prosigue en la actualidad. "Queríamos hacer la galería más pequeña del mundo, y hacer cosas, porque desde la periferia hay que hacer, no puedes esperar que la administración te lo dé todo». Hoy observa que los artistas, sobre todo plásticos, están demasiado pendientes de lo que ofrece la administración para montar historias. «Yo pienso que he tenido suerte, porque me ha gustado también mucho el diseño gráfico, y yo he hecho muchos carteles para poder irme de viaje y para sobrevivir porque la opción cómoda era ponerme a dar clases y tener un sueldo fijo, pero yo no lo veía, y me he podido permitir otra vida e ir tirando así»

Entre crisis anda el juego, sonríe. Ha podido escribir: en sus catálogos y para los catálogos de otros artistas amigos, y en la revista 'La Naval'. «Yo no me considero escritor, pero he conseguido crear esos mundillos en torno a las exposiciones que hacen que quiera ir de viaje y que lea ciertas cosas. Pero al final la pintura es lo que me va guiando». Ha ilustrado libros de Conrad, Dickens, Thomas Mann, e incluso 'La metamorfosis' de Kafka. «Es una forma de unir dos amores: la imagen, la pintura, y la literatura». Este 2025, de hecho, ha ilustrado el cartel del 54 Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICC) con un óleo sobre lienzo de 2 metros por 1,50 metros con una imagen abierta a la interpretación que dialoga con el 'leitmotiv' del festival, Del papel a la pantalla. Literatura en el cine'. «Es como mi concepto del arte, porque tiene muchas capas y conexiones, y esta imagen para el FICC forma parte de una serie que estoy haciendo sobre 'El gran Gatsby, novela de F. Scott Fitzgerald de la que se han hecho siete versiones cinematográficas, publicada en 1925, y que se podrá mostrar en Barcelona en 2026».En realidad, esta convencido de que el arte es «una niebla en la que entramos, buscamos cosas y salimos con algo siempre».

Sobre su fascinación americana, admite que la cultura estadounidense ha sido muy importante en su obra. «Igual que en otro momento el foco cultural estuvo en París, hubo un tiempo en que todo venía de Nueva York, allí estaban los pintores que queríamos ver. Yo he leído mucha literatura norteamericana, y he visto mucho cine. A mi madre le gustaba, sobre todo, el cine negro de los años 50. Esto ha estimulado mi imaginación, y me pude permitir pasar temporadas allí en Estados Unidos. Hice con Gonzalo Sicre una exposición conjunta sobre Edward Hopper.

Conocimos a Gail Levin, biógrafa de Hopper, que ha sido muy amiga mía, me ha enseñado mucho arte americano de esa época y de la tradición decimonónica de los representantes de la Hudson River School, y todo lo contemporáneo que pasaba con gente como Jeff Koons y Mark Tansey, gente que me ha gustado mucho». También Japón le abrió otras ventanas mentales. Por la literatura de Yasunari Kawabata o Yukio Mishima, por el cine de Ya-sujiro Ozu ['Cuentos de Tokio', Primavera tardía', 'Buenos días', 'El sabor del sake, 'He nacido']. Pero a Charris también le interesan lo exótico y lo primitivo de culturas remotas, el uso de las vanguardias en el arte africano, «al que expoliaron visualmente», así como los elementos de la cultura popular, «sin hacer distingos entre lo que es baja y alta cultura». Es un fanático «del cacharreo y de los ju-guetuchos», de todas las épocas y culturas, y le encanta cambiarlos de sitio y que aparezcan disonancias. De pronto, coloca un poste totémico de una isla del Pacífico en un paisaje mediterráneo.

Las «dadadivagaciones» de Tristán Tzara en la mente de Charris dan lugar a «anomalías», con las que nos hace disfrutar y dejarnos con ganas siempre de más.

Sus logros

- Mundos paralelos. En sus series pictóricas construye una suerte de mundos paralelos (Charrilandia, República de Cartagena) en las que juega con las metáforas de viaje, la aventura y el exotismo. 'Mácula Tours (1994), 'Xirimiri Express' (1997), '300 Exploradores' (1996); "La fiebre del óleo' (1996) y 'Cape Cod/Cabo de Palos. Tras las huellas de Hopper (1997), Tubabus en Tongorongo' (2001) y Welcome To The House Of Painting' (2007) son algunos de sus proyectos expositivos.

- Crítica razonada. Sus obras constituyen escenarios críticos en los que cuestiona los derroteros del arte de los siglos XX y XXI, o hace explícita su visión sobre asuntos como el poder, la guerra, el colonialismo y la apropiación cultural.

- Referentes e influencias. La iconografía de sus homenajes y citas incluye a los artistas que valora, como Klee, Miró, Edward Hopper, Friedrich, De Chirico, Torres-Garcia, Van Gogh, Sorolla, Beuys, Dalí y Renau.

- 'Futurama'. En 2023 sorprendió en Sala Verónicas y La Aurora con «una colección de postales de posibles futuros, de profecías inciertas, presentimientos, a veces contradictorios entre si, una trenza hecha con distopías. utopías, ironía, melancolia y, sobre todo, extrañeza».

- Premio de la Cultura de Cartagena 2021. «Se alimenta de viajes, del cómic y otras lecturas, del arte pop. Además. escribe como un gran escritor. Es un cartelista notable y un prestigioso ilustrador». El jurado también destacó que es «un artista comprometido con Cartagena, que es una de sus fuentes de inspiración». Ha ilustrado el cartel del FICC54. También ha ilustrado libros de Conrad, Dickens y Kafka.