Charris
Español

Wanderlust

16.05.2012

Ayer me preguntaste: ¿cuánto tiempo aún?
Llovía, llovían agujas que se clavaban en la tierra
sin conseguir hilar pensamientos o caricias.
El hilo estaba deshecho de tanto intentar
enhebrarlo en vano.
Mosquitos muertos, aplastados contra la cal de la casa
inventaban un idioma de malentendidos que tú dejabas hablar.
De pronto una extraña quietud se ha adueñado del mundo:
la repisa metálica del cobertizo
está llena de balas mohosas que encontramos
la tarde que decidimos buscar el tesoro que suponías.
Pero la hierba se rebelaría si el viento dejase de acariciarla,
ella es el cabello de la tarde, y pide cariño.
Las manos me huelen a tomillo –como un cuerpo,
una vez, pero ya no recuerdo cuál.
Ayer me dijiste: el horizonte ya no tiene puertas.
Hoy sé que es cierto, pero es que se ha abierto por completo.
Aún no habías aprendido a mirar,
y yo veía a través de ti.
Sé que te has ido o me he ido,
pero nadie dirá nada.
Briznas de la tarde, sed mis riendas.
 
Martín López-Vega