Charris
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Greguerías al óleo

1993

Mateo Charris, Ángel

La greguería es el atrevimiento a definir lo que no puede definirse, a capturar lo pasajero, a acertar o a no acertar lo que puede no estar en nadie o puede estar en todos.
Ramón Gómez de la Serna

Paseando un día de niebla encontré una greguería. La guardé porque me pareció curiosa y porque es una de esas menudencias que a uno le gusta descubrir al hurgar en los bolsillos de una prenda olvidada en el armario. Encontré otra en una sopa de mariscos de un bar del puerto y pensé que dos era un buen número para empezar una colección. Desde entonces me han ido asaltando en donde menos lo esperaba: en un taxi, en el zoo o en los azulejos del cuarto de baño. Pienso que es fácil descubrirlas sólo hay que tener un corazón de metáfora y un cerebro juguetón.

Yo creo –con de la Serna– que estamos compuestos de greguerías como de células, pero tenemos que poseer muy sutil oído para oírlas1.

Si mis cuadros se escribieran y, si donde hay color y óleo hubiera palabras, no me imagino que fueran otra cosa que greguerías. Como esa que dice: Hay una clase de noches en que luce en los cielos la luna de los desiertos, o la de el látigo traza en el aire la rúbrica del tirano. Y también esta otra: Las orquídeas tienen la lengua sucia y el camello lleva a cuestas el horizonte y su montañita.
La cabeza es la pecera de las ideas y en la mía sólo hay peces greguería, pequeños y melancólicos, absurdos y socarrones, flores de cactus y cangrejos ermitaños. Otros hacen óperas y odiseas, novelas y largometrajes, sinfonías, monumentos, catedrales, poemas y performances. Cada lobo por su senda. Yo me conformo con lanzar guijarros a la limpia superficie de un mar en calma: nunca se acumularán suficientes como para formar un buen montón que sobresalga del agua, pero disfruto a lo grande intentando un rebote más de la piedra sobre el pulido techo de los fondos submarinos.

Y si alguna vez me pidieran una declaración de intenciones, un programa de mano sobre mi obra, sólo tendría que copiar lo que alguien dijo alguna vez de las buenas greguerías: Va del humorismo a la ternura, de la ironía a la adivinanza, de la agudeza ingeniosa a la imagen sensorial y plástica, de lo lírico a lo novelable, de lo extraño su-rreal e inquietante (pasando por el humor negro) a lo más ingenuo y emotivo. Mezcla lo vanguardista con lo barroco. Acoge por igual la imagen experimental y la más trivial observación costumbrista, que se vuelve asombrosa. Del asomo pictográfico o visual pasa a delicados juegos con los significados verbales, desvelando las paradojas del idioma. Lo poético (en su más amplio sentido: todo está dicho en prosa, espoleado por el humor y con una cierta sonrisa) es el centro sobre el que gravita el nuevo género2.

1: Esta cita y las siguientes (en cursiva) son greguerías de Ramón Gómez de la Serna.
2: Cesar Nicolás en la introducción de Selección de Greguerías (1910-1960). Austral, 1991.



Fuente:

Catálogo El siglo de las sombras de Charris. Club Diario Levante. Valencia, 1993.