Charris
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Radicón Robot

1995

Mateo Charris, Ángel

Un buen fotógrafo nunca descansa.Y menos los todoterreno que usamos la cámara como tercer brazo, ojo o pierna, como sombrero de mago y como hucha previsora. Puedo ser tan artista como Van Gogh y tan mecánico como una licuadora: el día que me muera quiero que me entierren en un ataúd con forma de Leika o Hasselblad (de las antiguas, de las buenas).
No entiendo la existencia a menos de dos palmos de una cámara, como un buen pistolero del Oeste. Cualquier sitio y cualquier ocasión es buena para un reportaje, así que el último día que fuimos de excursión no le hice caso a mi novia (como casi siempre) y cambié en la mochila el lugar de un par de bocadillos por uno de mis inseparables juguetes.
El tiempo no tardó en darme la razón. Un rato después de encontrar un lugar adecuado en la montaña donde instalar la tienda, comencé a avistar objetivos interesantes: jabalíes copulando para alguna revista de fauna, degradación medioambiental para un boletín ecologista… minucias. Pero, de repente, vi al gran oso blanco, el tema que me podía dar de comer este verano: en un apartado claro del bosque Barbie representaba una tierna escena familiar, carnaza fresca para el Hola, cuando mi corazón de paparazzi dio un vuelco: aquel tipo que la arrullaba no era Kent, su novio oficial, sino Bob el cuñadito recién divorciado y sus cachorros. Mi pulso seguía el ritmo del motor de la cámara. Mis pupilas comenzaban a tomar una clara forma de dólar cuando un ligero olor a chamusquina invadió la placidez de la sierra: un inoportuno fuego trastocaba todos mis planes y hacía peligrar mi vida y la de todos mis modelos.

Entre el humo y las llamas continué consiguiendo estupendas instantá-neas: Barbie hecha unos zorros corriendo entre la maleza, un pirómano enloquecido riéndose con sus bermudas de amianto…
La cosa empezaba a tiznarse seriamente cuando apareció Radicón Robot, el primo de Mazinger Z que, acudiendo presto a la llamada de Protección Civil, apagaba el fuego con su multimanguera propulsada por kriptonita: ¡menudo reportaje! Directo al Pulitzer (Time, Life, Stern…)
En el fragor de mi excitación, el humo cargado y el calor acabaron por tumbarme. Cuando desperté en una ambulancia de la Diputación lo primero que hice fue preguntar por mi cámara y poner a salvo el negativo.
–¿Cuál negativo?
Maldición infernal: hasta en las mejores familias pasan estas cosas: no había puesto carrete. Entre tirarme barranco abajo o continuar viviendo, y aprovechando que mi novia seguía inconsciente, opté por tirarle los tejos a una estupenda enfermera.
Con un poco de suerte, y su cuerpazo. tal vez podría conseguir un buen portafolio para Interviú o alguna revista así. Si no, siempre podía hacer unas cuantas polaroids guarras para mi colección particular.



Fuente:

Portfolio Radicón Robot de Eugenio Vizuete en Arte Fotográfico nº 519. Madrid, 1995.