Charris
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Deconstructing Charris

2000

Mateo Charris, Ángel

He hecho muchas fotos con mi cámara digital. Un viajante que conocí en Punta Arenas me ha dejado usar su ordenador portátil, así que he preparado unos collages que te envío en formato de archivo junto a este email.
Son los negativos para realizar unas gomas bicromatadas, al modo de los pictorialistas decimonónicos, de Stieglitz y compañía, de la fotografía troglodita.
Yo pongo el siglo XXI y tú el XIX. Se agita y se sirve en vaso largo

Mateo McCharris

DECONSTRUCTING CHARRIS

Poética borrosa y organigrama enloquecido. Ideas promiscuas, verdades sospechosas.
Ley del máximo esfuerzo, líneas quebradas y ecuaciones ebrias: creación.
Marco Aurelio y Tanizaki. Té con fartons. Kurt Weill en mp3.
Montaña, ruleta, ensaladilla, era rusa, nevada y fría, gris, lejana.
Amanece al compás de un piano mal temperado. Tras una noche de líneas de sombra y navegación difícil, el pintor de nubes moja sus dudas en el carajillo del Café Satie.

Buscadores y enlaces, archivos y servidores, memoria, corazón, sonidos y movimiento. Sensibilidad y sentido, ventanas, celdas.
¿Qué hay de nuevo, viejo?
Escribe en su cuaderno con letra redondilla, intentando evitar esa caligrafía desbaratada que apenas reconoce al releerse. Escribe lento y triste —o alegre ma non troppo—  mientras intenta encajar un anillo de humo en otro:
Elegir cincuenta y cuatro mujeres massai y hacerles llevar en la cabeza otros tantos logotipos comerciales. Hacer vaciados para conseguir cincuenta y cuatro prototipos —tamaño natural—  de las africanas.
Filmar en video.
Colocar las cincuenta y cuatro figuras en red piramidal en un espacio llano. Posiblemente el Gran Lago Salado.
Tomar fotografías. Digitalizarlas. Introducir datos en un programa 3d. Ploter e impresoras.
Reunir todos los datos en el estudio.
Pintar un cuadro.

 …

El hombre como una nueva comunidad de múltiples ciudadanos, independientes y heterogéneos. Jekyll y Hyde. Coyote y Correcaminos. Sade y Disney. Unidos por una compleja red de afectos y desencuentros, perdidos en un cuerpo y sin un plano.
Sigues el rumor de tu sangre por el país desconocido que inventan tus ojos
y subes por una escalera de vidrio y agua por una terraza.
Hecha de la misma materia impalpable de los ecos y los tintineos,
la terraza, suspendida en el aire, es un cuadrilátero de luz, un ring magnético (…)
Lee otra noche, bajo un coro de cebadores y reactancias parlanchinas, de cortadores de aire: “…has cerrado los ojos y entras y sales de ti mismo a ti mismo por un puente de latidos”.

Y se duerme pensando —con Octavio Paz— que el corazón es un ojo.



Fuente:

Catálogo Links. Palacio Aguirre CAM, Cartagena, 2000.