Charris
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La ciudad encantada

1997

Mateo Charris, Ángel

Catálogo

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Querida Rosi:

Tras varios días con tiempo de levante he llegado a una ciudad encantada.
Se desparrama entre colinas que dan a una dársena antigua, salpicada de castillos y murallas, sobre una tarta milhojas de de capas romanas, púnicas y bizantinas: un festín para el arqueólogo y una pesadilla para el constructor. Sus hermosas arquitecturas se derrumban bajo el peso de las hojas del calendario: obras antiguas que nacieron modernas (ahora sin embargo se empeñan en que les nazcan viejas las casas y las plazas). Languidecen sus comercios y sus bares al ritmo de los golpes de la picota y la excavadora: los camareros y dependientes parecen esperar escépticos la incierta fecha del beso del príncipe a la durmiente para estrenar la fe en sus vocaciones.
Aquí la arqueología industrial aún hecha humo, negándose a desaparecer de los crepúsculos y los pulmones. Aquí la lluvia es escasa y el azul brumoso.
Los lugareños, gente singular, aprovechan cualquier ocasión para colocarse un disfraz., de cartaginés o romano, de rojo a morado o blanco, de carnaval… Tienen el orgullo herido y una suicida tendencia hacia un nacionalismo de tendero; unos vecinos a los que fastidiar y por los que ser fastidiados, una estación término, un submarino en un pedestal y una frente llena de leyendas.
Te mando algunas postales para que te hagas una idea de cómo es esto. Son de un pintor de aquí, Carretero. Así se ven ellos, emergiendo de un mar de dudas de entre la niebla de la historia, con los mascarones de sus torres y sus esquinas  brillando entre los humos de la derrota. Creo que me estoy poniendo algo espeso, debe ser este maldito viento que nubla las siestas de esta ciudad dormida. De vez en cuando suenan cañonazos que intentan despertarla pero solo consiguen un repentino alboroto del orfeón de gaviotas chillonas.


Muchos recuerdos a los paisanos de Fraguel Rock de parte de Matt, el viajero. Cartagena, 1997.



Fuente:

Para el catálogo La ciudad encantada de Enrique Navarro Carretero. Cartagena 1997.